100701 ÉTICA, MORAL PÚBLICA Y CULTURA
>> 03 julio 2010
Me gusta esta imagen, me gusta por cuanto de absolutamente ilustrativa conlleva su detallada visión lejana a todo apasionamiento; me gusta a pesar de la repugnancia que produce. Dos individuos, hombres barbados, parecen descansar tras los efectos de una agotadora correría triscando por los montes de lo deleznable al acompasado son de las músicas que enervan un desfile callejero nutrido de esperpentos, seres danzantes que se bambolean y contonean enfebrecidos y retroalimentados por sus propias y obsesivas procacidades. Y, sin embargo, no es un cualquiera carnaval en una cualquiera ciudad, pequeña, mediana o grande, de cualquier punto de la geografía hispana; no, no lo es. Es, simplemente, una de entre tantas fotografías que de igual factura, composición y significado están al alcance de cualquiera que se pasee, cámara fotográfica en ristre, por las calles de Madrid tal día como hoy en que tiene ocasión esa singular rúa de colofón a la “Semana del orgullo gay”.
Dos tipos, barbados y barbudos, con atavíos de lencería provocativa, propias de burdel berlinés de los años treinta, uno de ellos; y rellenando el vaporoso tutú tantas veces pintado por Degás como simbólico homenaje al eterno femenino, el otro, miran hacia la cámara produciendo una arcada apenas reprimible. Es la imagen paradigmática de una sociedad enferma, una sociedad que, a fuerza de vestirse con las galas del más descerebrado progresismo, ha acabado por incorporar hechos y actos denigrantes para la condición humana a su acervo cultural de presente; una sociedad que, manipulada desde unos dirigentes ajenos a toda ética que no sea su propia voracidad política, ha acabado por imponerse a sí misma la creencia de que hay “perversiones buenas” y “perversiones malas”; una sociedad, la occidental y más particularmente la española, que acaba por crear dogmas de fe en torno a lo que se ha definido, a menudo, como “políticamente correcto”.
Bien, de acuerdo, debe ser algo muy “políticamente correcto” eso del día, la semana o el desfile del orgullo gay; debe serlo, sí; pero frente a una imagen así, una fotografía entre centenares de igual calibre, uno no puede dejar de preguntarse si acaso esa náusea cercana al vómito que su simple visión le produce no significa, acaso, que en el fondo de las vísceras de uno mismo es la propia conciencia social, la propia dignidad como ser humano, la que se resquebraja y protesta deseando desterrar de uno mismo esa tendencia a mantenerse dentro de los límites de esa corrección política que amordaza nuestra más profunda y elemental ética humana.
Me gusta, pues, esa fotografía; me gusta poder mostrármela y examinarla a la verdadera luz de una cultura, de una ética, de una moral pública de la que nunca nuestra sociedad debería haber abjurado para decirme, sin miedo a que me tachen de políticamente incorrecto, que es algo sencillamente repugnante; que es, eso, simplemente la proyección de uno entre tantos síntomas que delatan una grave enfermedad de nuestra concepción social del siglo XXI; que celebraciones públicas de tamaño calibre con escenificaciones de tan gran contenido obsceno solamente pueden producir, de hecho producen, un grave atentado contra la dignidad humana, la dignidad del ser humano no ya, solamente, como sociedad, sino más allá, incluso, como especie.
Y, mientras la dignidad humana se diluye entre los titulares de prensa que cubrirán, tal día como hoy, un acontecimiento tan deleznable, los partidos políticos, los sindicatos, los interlocutores sociales, los periodistas y el mundo empresarial promoverán y apoyarán semejante dislate ya cronificado. Partidos políticos que, como es el caso de C’s, han hecho de la dignidad social su bandera han apoyado, y apoyan cosas como esa, mediante estentóreas peticiones de que ondee la bandera del arco iris en los ayuntamientos, y coadyuvan sin pudor a la descomposición de la ética social; alimañas sindicales deciden paralizar su huelga salvaje y coactiva para que lo soez impere, por un día, en las calles de Madrid dando pábulo a una continuada abolición de la más elemental moral pública; empresas, como Agua de Mondáriz, buscarán clientela entre ese colectivo patrocinando activamente un evento de dudoso gusto y que ofendería la mayoría de las conciencias individuales si fuésemos capaces de desnudarnos de esa impuesta corrección política.
Me gusta, sí, esa fotografía; me gusta porqué, con seguridad, muchas personas, al verla como yo la veo serán capaces, como yo lo soy, de analizar su significado; me gusta porqué, tal vez, quienes sean capaces de mirarla sin apasionamientos progresistas, desprendiéndose de esa mordaza que lo políticamente correcto nos ha impuesto, serán capaces de decirse a sí mismos y a los que les rodean que es, sencillamente, algo repugnante; me gusta porqué, quizá, con el tiempo, haya servido para que una sociedad que se resiste a su propia enfermedad sea capaz, después de muchos actos individuales de valentía negando públicamente la vigencia de la corrección política, de transmitir a los poderes públicos que la celebración del día del orgullo gay del modo en que se está haciendo atenta contra la dignidad humana, contra mi dignidad, contra la de todos.
Fuentes de interés:
1.- C’s apoya el día del orgullo gay.
2.- Agua de Mondáriz patrocina el desfile del orgullo gay.
3.- Metro de Madrid paraliza la huelga por el día del orgullo gay.
4.- Zerolo es el jefe de los maricones. Read more...




